Dolores O’Riordan y su expectativas sobre la muerte

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Fue un día 15 de enero que Dolores O’Riordan, la venerable voz de The Cranberries falleció en su apartamento en Lóndres, Inglaterra. Según los reportes de la gente que la rodeaba en sus últimos días, ella se encontraba discutiendo nuevos proyectos artísticos, motivada y ocupada sobre todo con D.A.R.K., la última banda en la que participó al lado de Andy Rourke (recordemos que en 2016 lanzaron el disco debut Science Agrees).

 

Días antes (el 12 de enero), también habló con Noel Hogan, compañero y compositor en The Cranberries para planificar su primer álbum juntos en seis años (con Michael Hogan y Fergal Lawler a bordo, desde luego) y una gira mundial que pudo haber iniciado en marzo. De hecho, algunos reportes indican que la cantante irlandesa ya había mandado a sus compañeros dos demos con sus voces grabadas. Y yéndonos aun más lejos, el mismo 15 de enero, horas antes de fallecer Dolores había llamado a Dan Waite (ejecutivo de la casa disquera con la que trabajaba) para invitarlo a cenar junto a su esposa. Y como el propio señor Waite lo declaró, ella se escuchaba “bien”, haciendo planes para las próximas semanas aunque reconocía que anteriormente había presenciado episodios en los que podía notar que estaba deprimida. Y esa cita a cenar nunca se dio.

 

Los episodios de problemas emocionales en la vida de O’Riordan lamentablemente fueron una constante. Si regresamos hasta su niñez, es sabido que sufrió de abuso sexual por una persona “cercana” a ella (aunque nunca supimos a quién se refería). De ahí en adelante, hasta su ascenso en el éxito musical pero sobre todo en años recientes sufrió de un trastorno bipolar así como de una depresión que la acompañarían hasta sus últimos días y que la llevaron en distintos momentos a pensar en el suicidio, como fue bien conocido en 2013. Y precisamente un año después, en entrevista con The Independent (diciembre 2014) le hizo frente a su crisis y habló sobre sus expectativas sobre su propia vida y la misma muerte. Ella creía incluso, a sus 43 años en ese entonces, que sería difícil llegar a los 50. Fuerte declaración que llegó con la pregunta “¿qué te dirías a ti misma?” en referencia a sus problemas emocionales. Y esta fue su respuesta:

 

Esto no es tu culpa. Y te amo. Sé amable contigo misma y relájate. Porque no voy a vivir tanto. Tengo 43. Si llego a los 50 seré feliz. Es decir, la gente te mira y ve un producto. No ven un alma, sino un agujero vacío.

 

Y es que antes le sugirieron que sería buena idea ver a un especialista en tratamientos psicológicos para que la ayudara, ante lo que contestó:

 

Claro que sí, yo misma soy una consejera. ¿No estoy yo asesorando al mundo? ¿No lo hago tras sanar a miles de millones de personas en el mundo? Hablo conmigo misma. Me hablo a mí misma en el espejo.

 

Sin duda, hacía referencia a sus composiciones musicales que llegaron durante las últimas tres décadas directo a los corazones de sus fans. Y al parecer, esa fue su mejor terapia y su mayor fortaleza. Su más confiable soporte, podríamos decir. Y es algo realmente admirable en ella, sabiendo que con tantos años de una lucha interna mental, física y emocional se fortaleció ante las contrariedades y ganó muchas batallas tanto fuera como dentro de los escenarios. Y estuvo aquí, en este plano el mayor tiempo que pudo. Y por eso le agradecemos.

 

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