LA RESEÑA

Kintsugi – Death Cab for Cutie


Atlantic, 2015

Valorización

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Kintsugi es un arte japonés usado para restaurar objetos rotos de gran valor, haciendo que el resultado final sea una pieza única de igual o mayor belleza que la original. En el oriente lo definen como: “El arte de abrazar el daño”. En ese sentido el octavo álbum de Death Cab for Cutie refleja precisamente eso, un recuento de los daños, no para lamentarse sino más bien para dejar en claro su más reciente postulado, la aceptación y el avance.

Reseña: “Kintsugi” de Death Cab for Cutie

Dicho esto, no es de extrañar que Kintsugi sea el primer álbum de la banda de Seattle que califique como “conceptual”, ya que su escritor y vocalista Ben Gibbard no hace mucho pasó por el proceso de separación de la famosa actriz y cantante Zooey Deschanel y, por si fuera poco, este año el cerebro en la parte musical, Chris Walla, anunció de igual manera su salida de la banda. No obstante, este ahora trío, posee suficientes ases bajo la manga como para no caer en la monotonía.

 

Musicalmente surcan en aguas seguras, la desbordada sensibilidad del pop y su bien cuidada producción; todo está palpable a lo largo de los 11 temas del disco, además de que Ben Gibbard recuperó esa cercanía perdida en Codes & Keys. Kintsugi abre con la pegadiza “No Room in Frame” donde por vez primera Gibbard hace alusión en una canción a su rompimiento sentimental con la “new girl”, describiéndolo como “No hay lugar en el marco para dos”, frase que no deja mucho espacio a la especulación. Por su parte, el primer sencillo “Black Sun” es un tema empapado de una densa melancolía, en la cual me gusta pensar que ese “sol negro” es el lente de una cámara, capaz de transformar a una persona justa en una cruel por igual; en la parte musical destacan elegantes adornos electrónicos y un áspero solo de guitarra que nos remonta al sonido de sus primeros años.

 

“The Ghosts of Beverly Drive” es uno de los temas rápidos del disco, su ritmo punzante y una eficaz melodía hacen que funcione bien como transición para “Little Wanderer” que es una emotiva canción llena de vívida imaginería sobre una relación a distancia, con un sonido extrañamente familiar (¿el U2 más reciente quizás?).

 

A continuación están las rolas folk y esas baladitas que hicieron las delicias de muchos. Esta parte corre a cargo de “You’ve Haunted Me All My Life”“Hold No Guns”, que si bien no son malas, sí están lejos de la profundidad y esa sutil belleza de clásicos como “I Will Follow You Into the Dark” o “Soul Meets Body”.

 

Al parecer Ben tuvo tiempos difíciles viviendo en L.A. ya que “Good Help (is hard to find)” reside en lo complejo de estar con alguien que atrae constantemente los reflectores, aunque lo hace de modo casual y lo musicaliza de la misma forma: pop directo y sin demasiados atavíos. Y casi al final llega “El Dorado” que es de lo más propositivo en cuanto a sonido, permitiendo ciertas filtraciones del proyecto alterno de Gibbard, The Postal Service, sin embargo lo elemental de la letra desmerece a los ingeniosos arreglos.

 

Como su nombre hace referencia, Kintsugi logra reunir las piezas extraviadas en su álbum previo (Codes & Keys) y unirlas por una delgada línea a momentos brillantes de lo mejor de su repertorio, aunque a pesar de esto el álbum carece de esa lucidez y versatilidad que los caracterizaba. Aun así, Death Cab for Cutie pasó de lidiar en sus letras con la ira adolescente a situaciones propias de la mediana edad, en ese sentido este disco se siente como el paso evolutivo lógico para seguir identificándose con la audiencia que ha madurado a la par de ellos.

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Tracklist:

  1. No Room In Frame
  2. Black Sun
  3. The Ghosts Of Beverly Drive
  4. Little Wanderer
  5. You’ve Haunted Me All My Life
  6. Hold No Guns
  7. Everything’s A Ceiling
  8. Good Help (Is So Hard To Find)
  9. El Dorado
  10. Ingénue
  11. Binary Sea

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Me suena a: Nada Surf, The Postal Service, U2

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